La chica del callejón

Mi familia decidió ir a visitar a la abuela, yo en mis 20 años de vida jamás la había conocido puesto que mi familia vive en la ciudad y ella en un pueblo que está a unas 10 horas aproximadamente. Por cuestiones de trabajo de mis padres y en mi caso escolares, no habíamos podido ir a visitarla, para mis padres era demasiado importante que yo fuera a conocerla ya que decían que por su edad sería lamentable que jamás hubiera conocido a su nieto.

Era un viernes por la tarde, llegamos a casa de la abuela, ella me saludó, me dio un gran abrazo de bienvenida y como toda abuela nos tenía preparada una gran cena a la familia. Todo parecía que iba a ser un buen fin de semana, que sería de los mejores y más tranquilos que jamás haya tenido. Al caer la noche, la abuela me mostró mi habitación y acomodé cada una de mis prendas en los cajones y me fui a la cama.

Al día siguiente, decidí ir a dar un paseo, salí de casa de mi abuela y me apresuré a ir al centro del pueblo. Había una gran plaza donde se encontraba una gran iglesia y enfrente de esta una variedad de fondas para comer, puestos de elotes, nieves etc. Poco a poco fue atardeciendo y decidí regresar a casa de la abuela. Tomé un atajo por una pequeña calle que cortaba el camino y me llevaría más rápido. En mi camino, me encontré con un callejón oscuro y ahí fue cuando la vi, era una joven que se encontraba parada en medio de la calle, su piel era blanca y su cabello rizado hasta la cintura era tan negro que los rayos de la luna se reflejaban en él.

Le pregunté que hacía sola en ese lugar ya que empezaba a anochecer. Ella me contó que su novio la había abandonado, tenía apenas un par de días de casada y que ahora por su abandono no tenía a donde ir y sus padres se encontraban lejos de su hogar. Me dijo que iría a pasar la noche a casa de una amistad suya, así que me ofrecí a llevarla. La dejé en una casa grande y muy colonial, se quedó enfrente esperando a que me fuera, me despedí a lo lejos y regresé a casa de la abuela.

Al regresar, mi familia se encontraba preocupada, me preguntaron donde había estado así que les conté de mi aventura. En ese momento solo vi la cara de sorpresa que puso mi abuela, le pregunté que estaba pasando y ella solo me dijo que eso no podía ser posible, que en esa casa ya no vivía nadie y nadie del pueblo se atrevía a poner un pie ni en la banqueta de la casa.

Me contó que en esa casa vivía una pareja de recién casados, al parecer el chico tenía mucho dinero y una noche el chico llegó de un bar y la joven esposa le dijo que dejara su vicio y que ella sabía que él la engañaba. El marido sin más la apuñaló tantas veces hasta que la joven murió. La leyenda cuenta que ella aparece por las tardes casi al anochecer buscando consolación por el abandono de su marido.

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La última vez

Aún recuerdo su cabello largo y liso, recuerdo como cada uno de sus cabellos bailaban al ritmo del viento. Estaba ahí tan bella como siempre a punto de entrar a la cafetería. Al entrar se sentó a 3 mesas de mi, y como era de esperarse pidió un capuchino, su favorito.

En ese momento quise levantarme de la mesa e ir hacia ella, quise decirle todo lo que siento por ella, quise pedirle perdón por mis errores, por mi manera tan tonta de ser. Quise decirle cuanto la amaba y cuanto la extrañaba, que no podía aguantar un segundo más sin ella, pero sabía muy en el fondo que no podía dar la cara.

Me odio tanto a mi mismo, esta maldita inseguridad solo la cansó y ahora la he perdido para siempre, me encuentro en un vacío del cual no puedo salir, me hace falta su presencia, me hacen falta sus abrazos y sus caricias.

Me quedé mirándola un poco más hasta que ella volteó, yo solo tomé mi libro y volteé hacía otra dirección y así no pudiera reconocerme. ¿Quién quiere reconocer a alguien que no supo apreciar lo que tenía en sus manos y solo lo dejó caer como si fuera una bola de cristal? Olvidé el valor de mi bola de cristal y solo la dejé ahí, rota. Mil pedazos en el suelo, los pedazos de su corazón.

En ese momento de reflexión decidí que debía decírselo, al menos intentar una vez más ganarme su corazón. Cuando por fin me levanté e iba caminando a su mesa se interpuso en mi camino alguien más a saludarla y ahí fue cuando sentí un golpe en el pecho. Ahí estaba él, ella se veía tan feliz, como nunca en la vida la vi, tal vez se le veía más feliz que cuando estaba en mis brazos.

No quise ver más esa escena, las lágrimas corrían por mis mejillas lentamente una tras otra mientras se hacía un nudo en mi garganta. Abrí la puerta del local sin mirar atrás. Esa fue la última vez que la vi, después de todo ya era demasiado tarde.

El primer baile

Sentada bajo la luz de la luna y un cielo estrellado recuerdo la noche en que fue nuestro primer baile. Las estrellas y la luna eran nuestros aliados, sentía que la luna se movía conforme nuestros pasos. Recuerdo que te vi a los ojos, tan puros y llenos de amor.

Durante el baile sentía como todo al rededor ya no existía, éramos tú y yo solos en una galaxia de sentimientos que solo los dos podíamos reconocer. Era como desaparecer mágicamente y transportarnos a un mundo nuevo. Un mundo del cual no quería irme jamás. Un mundo donde solo estábamos los dos.

No quería que la noche terminara, era como un sueño, como si fuera un cuento de hadas donde la princesa va al baile con su príncipe azul. No podía entender como había sucedido, pero para mi ya no importaba como, ya no importaba el tiempo.